Tal y como ocurre con ingredientes como el aloe vera o el aceite de argán, la manteca de karité presenta una gran lista de nutrientes que lo convierten en un auténtico tesoro para tu piel. Estos son algunos de los más destacables.
La manteca de karité tiene gran capacidad para hidratar y suavizar la dermis. Esto se debe a unas sustancias químicas que suelen encontrarse en este tipo de plantas, los polifenoles, que presentan efectos saludables sobre el sistema cardiovascular.
Funciona como un potente antioxidante natural gracias a su alta cantidad en tocotrienoles, un tipo de vitamina E capaz de suprimir la formación de radicales libres.
Su alto contenido en ácidos grasos, como el ácido oleico, le confieren grandes propiedades antiinflamatorias y regenerativas, algo especialmente relevantes para los productos cosméticos, que encuentran en esta fuente natural el secreto de su formulación.
Resulta especialmente interesante para tratar problemas como la psoriasis, el acné, las alergias o el eccema gracias a su alto contenido en vitamina A.
Contiene entre un 5 y un 10% de fitosterol, una hormona vegetal que estimula la regeneración celular.
Entre el 3 y el 8% de su composición es ácido linoleico, un ácido graso esencial que nuestro cuerpo no es capaz de generar por sí solo y que tiene la capacidad de hidratar y crear una barrera en la dermis que facilita la penetración de otros ingredientes activos.
Tiene un alto contenido en alantoína, que promueve la regeneración celular e incrementa la cantidad de agua de la piel.
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